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A MACHETE PODANDO, POR UNA CIUDAD DIGNA




EDUARDO MATEOS
VERACRUZ, VER


Un señor de avanzada edad vestido con una casaca roja, poda unos arbustos con un machete oxidado. Los movimientos cíclicos y rectos de la mano, destrozan el excesivo ramerío en un callejón de la Avenida Ave de Lira.

Es la Colonia Reserva Tarimoya I, una colonia humilde al norte de la ciudad, donde el pavimento de algunas calles se mezcla con la terracería de otras. Al menos, Ave de Lira, tiene dos años de haberse pavimentado.

Los camiones, enaltecen el ruidejo de las llantas chocando el pavimento. El motor de los colectivos rompe el silencio de la Avenida. Otros individuos con casaca roja, pintan líneas blancas para delimitar carriles.

Soldados de la limpia pública barren restos de basura almacenada, otros se encargan de podar los arbustos como el señor. Hay uno en cada esquina de Ave de Lira. Son alrededor de treinta.

Algunos otros vestidos con guantes en las manos y ropa de algodón, y una gorra para atenuar los rayos ultravioleta del sol, jalan la hojarasca muerta de los arbustos a un camión blanco parecido a los que transportan basura.

Algunos vecinos, vestidos con el típico short, y playeras cómodas también ayudan en la faena. Quieren ver su colonia limpia como Toño, vecino con más de diez años. Su casa es de madera con lámina. Jala el bote de basura, agita la escoba, su esposa Mirna lo ayuda. “Es bueno que se acuerden de nosotros” dice Mirna, mientras observa a su esposo levantar rescoldos de rama muerta.





Algunos niños vestidos de blanco acompañan a su mamá después de un día de escuela. Es lunes, los honores a la bandera como acto cívico. La fricción de la mochila de carrito y de los pies sobre el pavimento entre las ramas del camellón se vuelve escena de la Avenida.

La escuela estaba a tres cuadras donde se levantaba el podio de madera donde minutos más tarde la alcaldesa Carolina Gudiño leería su mensaje a los vecinos. Una de las calles de la terracería los conectaba. La escuela tenía rota su barda, los niños se veían felices jugando basquetball y corriendo.

Atrás del podio, se hallaban unas casas de madera, una tenía antena parabólica azul. La familia podrá no tener dinero, pero sí televisión con cable. Junto, una señora vendía comida en una camioneta. Guisados varios guardados en Tupperware estaban a la vista.

Las pruebas de sonido traían como locos a la logística. “Bueno, bueno” decía una voz grave. “En unos momentos recibiremos con afecto a nuestra alcaldesa, la licenciada Carolina Gudiño Corro” se escuchaba a través de una bocina. “Mientras tanto saludemos al Director Médico del DIF de Veracruz, Miguel Antonio Pérez Ronzón”. Los vecinos amontonados aplaudían.

La llegada de Carolina
El acto protocolario de arranque de todo programa gubernamental debe ser empezado por el político en turno. Carolina Gudiño llegó.

Vestía un rosado con un cinturón grande como accesorio y un pantalón negro. De repente los medios la abordaron y el aplauso de la gente al unísono le caía perpendicularmente sobre el área que le rodeaba el cuerpo.

Fue presentada, y los aplausos volvieron. En su discurso agradecía a todos, en especial al presídium conformado por su esposo y director del DIF, Hugo Vázquez Bretón, la regidora Karina Exsóme, el doctor Miguel Antonio Pérez Ronzón, Ángela Perera y Rodolfo Márquez de la Jurisdicción número ocho.

Mientras Carolina hablaba, atrás, la vida normal de los lugareños se desenvolvía entre las casas de madera.

Un niño de cuatro años, vestido con short, una playera de algodón y unos tenis desgastados le pregunta a su mamá quién es la que habla, qué hacen unos señores vestidos de rojo en la calle.

Su mamá, responde, “son los del SAS, hijo”.

¿El SAS? Pregunta el niño, con incredulidad mientras toma de la mano a su mamá, para perderse entre el calor asfixiante y el pavimento ardiente.

La bruma llegaba a la colonia Tarimoya, no era la misma bruma ni el sopor habitual, pues se mezclaba entre el discurso político y los de limpia pública sobre toda la Avenida, limpiando, recogiendo, podando, por “una ciudad digna” como dicta el slogan del programa social impulsado por el gobierno municipal que preside la alcaldesa Carolina Gudiño.
2011-03-14 13:33:44
 
 
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